La tercera temporada de True Blood empieza en pocas horas, yo la veré gracias al diligente tráfico de unos y ceros a través de océanos y cadenas montanyosas el martes, calculo. La segunda temporada fue irregular… el arco principal, la ménade que enloquece Bon Temps fue, salvo alguna escena, flojo, muy largo y, sobre todo, excesivamente plano. Alan Ball nos ha acostumbrado a tramas ligeras que tienen mala leche y segunda lectura, y la explicación de que el pueblo quiere desmelenarse y Mariann pasaba por allí es demasiado simple. Por otro lado, Ball se sale en el resto de las tramas, desde la central del rescate de Godric (y, en paralelo, la captación de Jason por la secta antivampiros) y su posterior muerte, que nos ensenya mucho más de todos los personajes habituales, hasta las más cortas, como el secuestro de Lafayette al principio de la temporada o la recuperación de la madre de Tara.

True Blood ya no es la sorpresa del año (lo es Glee), ya es una marca establecida. Qué tendría que contarnos esta temporada?

Hasta ahora se ha hecho mucho hincapié en que Alan Ball no sigue los libros al pie de la letra. Hasta ahora le ha salido casi siempre bien (menos Mariann, insisto). La tercera temporada es cuando True Blood va a desarrollar del todo su universo propio, con hombres lobo, Sam aceptando que es un shapeshifter y conociendo a su familia, y quizá sepamos qué es Sookie… el riesgo de que se aleje demasiado de la crítica social que ha sido (sí, de ficción, pero crítica al fin y al cabo) para sumergirse en la fantasía es grande. Será interesante ver cómo se mantiene el ritmo cuando empiecen a aparecer Alcide y su parentela, sin que la serie se convierta en un folletín fantástico. Por otro lado, parece que hay grandes planes para el desarrollo de algunos personajes, y que por ejemplo, las historias de Tara y de Lafayette van a dar un giro drástico… esperemos que no sea tan sólo elegir a dos personajes al azar y hacerles sufrir durante trece episodios, porque estos se han llevado lo suyo en la anterior.

Con Bill desaparecido, Sookie va a enfrentarse a muchas cosas… y va a tener que decidir por qué quiere rescatarle. Va a ser un alivio ver menos a Bill, que se había convertido en un verdadero aguafiestas, para que no se agote el personaje. Además, todos estamos impacientes por ver qué pasa con Eric, después de que en la anterior temporada vimos que aún tiene su corazoncito.

Impresiones del primer capítulo (OJO! SPOILERS!)

 

Alan Ball, que conoce bien lo que quiere el espectador, nos ha dado eso y más. Sabiendo que a más de uno la segunda temporada le pareció floja, ha decidido empezar diciendo que nos esperemos una serie mucho más transgresora de lo que nos tenía acostumbrados (si es que el sexo en grupo no sorprendió a más de uno), y en el primer episodio de la tercera temporada se carga múltiples tabúes de la televisión convencional.

Lo primero, todos queríamos ver a Erik, a ser posible, ligero de ropa. En el primer cuarto del episodio nos desayunamos un –ejem- interesante desnudo integral, trasero, en una escena que en otra cadena que no fuera HBO (quizá Showtime en los tiempos de Queer as Folk) no aparecería. Cantidad de carne… No viene a cuento de nada, sirve tan sólo para que Erik se ría de la falta de energías de Bill y para hacerle pasar un mal rato a Sookie, que logra concentrarse en mirarle a los ojos, pero poco más. Antes, Pam se come – con los ojos – a Sookie (a lo que ella contesta algo como “Pam, I have no time for lesbian weirdness tonight…sublime). A Bill le secuestra una banda de hombres-lobo que le drenan y comparten su sangre de una forma muy poco fraterna… Poco después Sam fantasea (suponemos que por efecto de la sangre de Bill) con éste, Jason no es capaz de mantenerse a la altura de las circunstancias ni con una ni con dos (!) estudiantes perdidas en Bon Temps que van de camino a la universidad… hasta Andy Bellefleur le dice a Jason (en lo que se va a convertir en el lema de la temporada, tiempo al tiempo) “conscience off, dick on, everything’s gonna be allright”. En el ambiente ciertamente recatado de la televisión actual, esto es pasarse ocho pueblos. Incluso en series en las que a sexualidad de los personajes se trata abiertamente (como antes, QaF, o the L Word), el sexo gratuito y sin esperanzas de más vínculo se castiga (hasta en la obra del propio Ball, en Six Feet Under, Nate acaba “cargando” con Brenda por un encuentro fortuito, a Michael le arrestan en Las Vegas – sí, se lo monta muy mal…-), y con todo y esto, Ball nos muestra en la primera entrega de la tercera temporada de True Blood que se salta todos los cánones. Si hasta la madre de Tara le tira los trastos al reverendo!

En paralelo, Alan Ball evita caer en cualquier sensiblería: después de tanta pelea, Sookie se concentra en encontrar a Bill y (menuda voluntad de hierro) es capaz de ignorar a Eric, no recurre al “yo que hice por tí…” sacando a relucir a Godric. Lafayette jura que no “tenderá puentes” para acercarse a la madre de Tara. Tara misma está fuera de sí (como, por otra parte, viene siendo habitual) y no logra sobreponerse a la muerte de Eggs. Para nosotros han pasado largos meses, pero en la historia apenas ha pasado una noche, y los personajes no van decir que pelillos a la mar. En Bon Temps han pasado cosas que van a tener consecuencias a la larga para sus habitantes, vivos y no-muertos. Muestra de esto es que Arlene cree estar embarazada. Después de tanto retozar en grupo… habrá rastros permanentes. Podrán esconderse de lo que realmente pasó (casi todos estaban enajenados) pero no pueden huir eternamente.

Allan Ball ha comentado que el tema de esta temporada es la búsqueda de identidad (como, por cierto, la cuarta de Mad Men, según se cuenta). Hemos empezado a buscar poniendo casi todas las cartas sobre la mesa, a ver a dónde nos llega.

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